domingo, 16 de febrero de 2014

Sin entrar en debates sobre si el conocimiento puede o no puede llegar a ser absoluto, os diré que hay una serie de cosas que sé, sin más, y que quiero compartir con vosotros. , por ejemplo, que mi padre es un héroe mucho más real que los que salen en las películas, lo sé cuando lo veo sorber café despacio a las siete de la mañana antes de ir a pasar el día al hospital, lo sé cuando lo veo estudiar todas las tardes simplemente por afán de conocimiento.

que mi madre es la mejor persona que hay en la tierra, y lo sé cuando su felicidad se cimienta en la felicidad de los que ama, que son muchos y diferentes. Sé que mis amigos son más de lo que merezco, y lo sé mientras me apoyan hasta en mis más mínimos tropiezos y me dicen las cosas que no quiero oír cuando piensan que tengo que oírlas.

que te quiero, y que somos jóvenes y tenemos el mundo en las manos, y sé que lo mejor de salir a correr juntos es besarnos en los semáforos en rojo, porque es como la vida, disfrutar de una pausa corta sabiendo que vas a tener que seguir luchando, y tratar de disfrutar también de eso.

que durante años, el deporte ha sido mi mejor psicólogo, y que haciendo flexiones a solas, jugando a rugby en un lodazal o a fútbol en una pista, uno se conoce a sí mismo y conoce mejor a los demás. 

que el mundo es un sitio extraño y convulso, retazos de belleza en un crisol de odio, la aurora boreal brilla sobre el mismo cielo del que llueve fuego en Gaza. Poesía y violencia, que a veces es lo mismo, amor y odio, luces y sombras. Sé que entre todos podemos hacer de ésto un lugar mejor. Lo sé con certeza.

Ay, amigos. Veintidós años, a solo dos años de ser médico ¿Y luego qué? Eso ya no lo sé. Pero seguiré tratando de crecer como persona, de pelear por lo que creo y de tener una sonrisa lo más grande posible. Para lo bueno y para lo malo. Eso es lo único que .

PD: ¡He acabado exámenes! Intentaré escribir con algo más de asiduidad, y espero que lo consideréis una buena noticia. Peeeeero el caso es que, como merecido premio tras un periodo en el que locura y barba han luchado con fiereza por ser lo más grande de mi persona, me voy una semana a Oporto a visitar a un amigo, conque no escribiré durante ese tiempo. Pasad un buen domingo y una buena semana. Aquí os dejo un regalo (Pulsa aquí)

jueves, 30 de enero de 2014

Abreu

¡Hola a todos y a todas! Disculpad que no haya escrito en casi un mes, pero estoy más agobiado que el logopeda de Rajoy y lo primero es lo primero. Antes de comenzar con lo que es la entrada en sí, me gustaría decir dos cosas: La primera es que odio Enero. Quizá porque me gusta la Navidad, y de estar con familia, amigos y en casa a estar con apuntes, frío y en la biblioteca hay un paso, no lo sé, pero quería dejarlo patente. Si sigues este blog me temo que no puede gustarte Enero. De lo segundo que quería decir no me acuerdo bien, de lo que deduzco que no es importante, conque vamos a lo que vamos, que es lo que os quería contar. Os voy a hablar de lo que es un "Abreu".

Hay veces que el castellano necesita reinventarse, y surgen nuevas expresiones para definir conceptos o situaciones nuevos en nuestra vida cotidiana. Yo hoy traigo una prueba de ello. Una nueva expresión perfectamente aplicable en cierto tipo de situaciones que nos atañen a todos.
¿Nunca os pasa que parece que va a ocurrir algo muy bueno y todo pinta bien y de repente NO? Llegar a un examen con el temario bien estudiado y encontrarte en la primera pregunta con aquella clasificación que el profesor dijo que no entraba. Estar dándolo todo de fiesta con los amigos en lo que parece ser una noche épica, pedirte una copa y que enciendan las luces de la discoteca. Que el día que más hambre tienes el camarero se dirija con una bandeja llena de platos hacia tu mesa y en el último momento gire y te deje con cara de tonto. Estar en el punto más álgido de una película en series.ly y que internet se caiga.

Cosas que a todos nos han pasado y nos han dejado como diciendo "¿Por qué?". Pero "¿Por qué?" en estos casos es insuficiente. Mirad el siguiente vídeo (haciendo click sobre la palabra vídeo, por si hay algún despistado). Segundo 17. Ese comentarista ha conseguido plasmar en un vocablo lo que a mis ojos es una expresión necesaria en el castellano moderno.

"Abreeeu". Lo descubrí por un amigo mío, y alargando la "e" queda más divertido. Se debe decir con los brazos pegados al cuerpo y las palmas hacia fuera, maximizando la exasperación pero con un amago de sonrisa en los labios. "Abreu": esas putadas triviales que te dejan con el culo torcío, que te hacen sonreír, que te hacen plantearte si va a ser verdad que existe el karma. Así que ya sabéis: Si tras un día de mierda resulta que vais a cenar vuestro plato más odiado, si la chica de vuestros sueños resulta que tiene novia, si sales "a muerte" con un colega y el susodicho liga, dejándote solo y abandonado: Mirada al cielo, palmas hacia fuera. "Abreeeeu".

PD: Puto Enero.

jueves, 9 de enero de 2014

Encantado

¡Hola a todos! (De nuevo). Como cualquier estudiante universitario sabe, enero y febrero son algo así como una alegoría del círculo central del infierno que describía Dante, una alegoría muy real plantada en mitad del calendario, de ahí que actualice el blog algo menos en la época señalada. Hoy quería compartir con vosotros un microrrelato que ideé para un concurso, con el tema "transporte público". El asunto era escribir una historia muy breve, menos de setenta o de cien palabras, ya no me acuerdo, ambientada en el transporte público, por supuesto, y a mi se me ocurrió escribir "Encantado" una historia en la que un pasajero anónimo le relata a un interlocutor silente su historia, mi historia, la historia de cualquiera de nosotros, y se despide de él en lo que tarda el metro en recorrer la distancia que separa dos paradas. Ni que decir tiene que no recibí ningún tipo de gratificación, pero igualmente me pareció divertido poner mi tiempo en eso. Dejo que seáis vosotros los que juzguéis si hice bien o no:


Encantado


Nací y bueno, fue todo muy rápido, lloré, rieron y, en definitiva, las sensaciones flotaban en el crisol de la conciencia que empezaba a formarse, y de repente la ética entra en juego y pelea con los intereses, con el amor haciendo de las suyas y el miedo poniéndome freno. Las líneas de mi rostro consiguen objetivar a un tiempo que no hace sino acelerar conforme esperanzas y errores van conformando mi personalidad, y hay demasiados detalles, pero ¡Vaya por Dios! ésta es mi parada, con que encantado de haber compartido mi historia contigo, quizá nos veamos ahí fuera.

viernes, 3 de enero de 2014

Corriendo

Lo escribí hace tiempo, y si mal no recuerdo incluso lo publiqué en facebook, pero me parecía necesario volver a publicarlo aquí. Un texto sencillo que busca describir una de las sensaciones más gratas que he experimentado en mis veintidós años de vida. La de salir a correr por el mero hecho de correr. Es la manera más efectiva de relativizar problemas que conozco, y la más fácil de llevar a cabo. Cuando la glucosa de tu hígado es gasolina en tu sangre, cuando tus pulsaciones son un martilleo constante en tu sien que recuerda a un motor de fábrica, cuando tus piernas chillan sin emitir un sonido, cuando mantener la postura que sabes que es adecuada para no dañarte las lumbares se te antoja imposible, cuando el aullido del viento es la única voz que te alienta a seguir poniendo un pie delante del otro... Cualquier problema es relativo.



"Vas corriendo, a un lado la carretera, inhóspita, y al otro el mar rompiendo continuamente contra formaciones rocosas y umbrías, que emergen de la espuma para sumergirse en ella de nuevo, un cuadro duro y frío. El día es gris y ventoso, y empieza a chispear. Solo escuchas tus pisadas, tu respiración acelerada, el corazón latiéndote en las sienes, y el viento, que sopla y zumba en tus oídos, impregnándote del olor de la sal y las algas. En mitad de la monotonía algo llama tu atención. Un puntito en el horizonte, que paulatinamente se transforma en una mancha de color, y ésta en un corredor que va en sentido opuesto al tuyo. Cuando estáis a unos diez metros, os miráis, asentís imperceptiblemente y el aleteo de una sonrisa amaga con salir a la superficie. La vista vuelve al horizonte y a seguir sufriendo en soledad. Viento, sudor, dolor, fuerza. Pero por un instante la carretera ya no parece tan inhóspita, y te sientes feliz con alguien a quien ni siquiera conoces. Es algo que me pasa a veces, y no creo que lo entienda nadie que no esté acostumbrado a pasar mucho tiempo solo."

lunes, 30 de diciembre de 2013

El cerebro del lagarto

     Hoy quiero escribir sobre la agresividad. La propia palabra ya suena agresiva, a decir verdad. A-gre-si-vi-dad. Como siempre que reflexiono sobre algo, me gusta saber qué significado tiene y qué significados le damos, conque acudo a www.wordreference.com, tecleo las once letras correspondientes y me encuentro con dos posibles acepciones que aparecen en mi pantalla:

1.-Tendencia a atacar o actuar con provocación y violencia.

2.- Fuerza, dinamismo o decisión para emprender algo y afrontar sus dificultades.

     Coincidiréis conmigo en que socialmente la primera acepción prima con mucho sobre la segunda. Vivimos en un mundo en el que la agresividad es vista como un defecto. Cuando una persona es agresiva en su comportamiento, tendemos a alejarnos de ella, a considerarla peligrosa e infeliz. Cargamos la agresividad de connotaciones negativas. Cuando sentimos agresividad la negamos, la repudiamos, la queremos suprimir, reprimir, eliminar. Y creo que no hacemos bien.

     La agresividad es necesaria para la supervivencia si le hacemos caso a Darwin. Nuestra estructura cerebral más básica y arcana, según Paul D. MacLean, reconocido neurocientífico americano, es el cerebro reptiliano, situado en el tallo cerebral, compuesto por una serie de estructuras (amígdala, fórnix, etc.) con las que no os quiero aburrir. Nuestro cerebro  reptiliano no piensa, no siente, no duda: exije. Regula las funciones fisiológicas más básicas y necesarias para nuestra supervivencia: Control hormonal y de la temperatura, hambre, sed, respiración, sexo, detección de amenazas, respuesta frente a las mismas. Agresividad.

      Hace cincuenta mil años, el macho que sobrevivía era el más agresivo. Eso, a su vez, le permitía reproducirse, puesto que la hembra detectaba su fuerza y buscaba cobijo en su brazo, hijos fuertes, seguridad. Nuestra sociedad ha cambiado y ahora no hace falta matar a nadie para sobrevivir, y la mujer se halla al mismo nivel que el hombre en lo social y en lo laboral (o al menos debería, pero eso es otro tema). Somos civilizados, tenemos un sistema de justicia que nos garantiza que nadie llegará un día y se quedará con nuestros bienes o atacará a nuestras familias. Nos hemos adaptado.

     Y eso ¿Ha hecho que nuestro cerebro de lagarto involucione? ¿Ha modificado nuestros patrones conductuales? No, amigos. Nuestra agresividad también se ha “adaptado”. Ahora ser el más fuerte o el mejor luchador es equiparable a conducir un BMW descapotable o a tener un salario con cinco cifas. El fuerte no roba comida al débil, pero tu jefe puede chillarte y hacértelo pasar mal si no cumples los objetivos que te asigna. En general, ningún tipo va a agredirte físicamente de buenas a primeras, pero ese compañero pedante te habla mal a diario porque siente que puede hacerlo. Una tribu más numerosa que la tuya no va a echarte de tu campamento, pero un tipo desde una oficina puede ordenar que te quiten la casa si te es imposible pagarla por unas condiciones injustas que además te han sido impuestas. La clase política, sin ir más lejos, consta de unos privilegios inmerecidos que defienden con su ejército de banqueros, juristas y cuerpos de seguridad afines. Vivimos en un mundo gobernado por lagartos que no sienten, no se replantean nada, no dudan. Exijen.

     No tengo mucho más que decir, pero pensadlo. Tenéis que ser agresivos. Defended vuestro trabajo cuando es bueno. Defendeos de las injusticias de los poderosos. Reconciliaos con vuestro cerebro de lagarto, porque el día que os veáis sometidos a una situación extrema, física o psicológicamente, él será vuestro mejor aliado. Todos tenemos dentro algo frío y conciso que defiende nuestra integridad y nuestro bienestar a cualquier precio. Lo necesitamos igual que necesitamos que nuestro cuerpo nos pida comida para seguir viviendo. Así que este es mi consejo: Si el objetivo es difícil ¡Aprieta los dientes y avanza! Si esa chica te gusta ¡Díselo! Si eres víctima de una agresión ¡Defiéndete! Si crees que lo mereces ¡Cógelo! Y siéntete en paz con tu cerebro de lagarto.

domingo, 29 de diciembre de 2013

Domingos

Un poema que escribí hace tiempo, impropio para estas fechas, pero me gusta igualmente. Dedicado a los que palian con desidia con una tarde de domingo que parece hecha de alquitrán. A los que se enfangan en el tedio del crepúsculo con la certeza gris de un Lunes que no dibuja sonrisas. A los que se retuercen entre las manecillas del reloj. A los que se quedarían sentados en un anillo de Saturno con los pies colgando en el infinito, contemplando como la galaxia gira y las estrellas explotan. A los que sienten el retumbar de su corazón como el tambor de una galera de esclavos que tiene por destino la rutina.


Domingos

Los domingos, la humanidad no ofrece alicientes.
El Sol sucede a la Luna (anoche le enseñé los dientes)
Manifestantes, votantes, borrachos, delincuentes,
Se incorporan mañana a su rutina
Yo busco mi alma (caliente, caliente).
Ayer la perdí en una esquina.

Los domingos, resacas y espinas,
Amores de “no me acuerdo” e historias de “no sonrías”.
Barrigas llenas pero almas vacías.

Los domingos, amnesia y mal aliento,
Llamadas cortas “¿Te desperté? Lo siento”

Y la humanidad sigue en movimiento.



Y aquí una canción acorde al tema tratado.

sábado, 28 de diciembre de 2013

La flor y la gota.

Siempre me han gustado los cuentos. Cuando están bien escritos se hacen amenos y en pocas palabras guardan mucho en lo que pensar. No he escrito demasiados, supongo que porque la vena macabra acaba aflorando y recuerdo más a un Antón Chéjov sin talento que a Jacob o Wilhelm Grimm en plena forma. También es lógico, si supiera escribir bien me estaría dedicando a ello y no abriendo un blog en una cuenta de google y contándolo por facebook. En fin, sin más divagaciones ni dilaciones quería compartir con vosotros un cuento que escribí hace unos meses y que solo le enseñé a algunas personas cercanas. Agradecería que escribierais cualquier crítica constructiva que se os pase por la cabeza. Ojalá lo disfrutéis ¡Y a pasarlo bien, que es el último sábado del año!

La flor y la gota

“Érase una vez una gota que cayó sobre una flor. De una nube, quiero decir, como caen las gotas, y el caso es que en lo que tardó en deslizarse desde los pétalos a su cáliz se enamoró perdidamente de ella. Cada molécula de H2O se enamoró profunda y perdidamente de los grupos carbonatados que desprendían vida en el pistilo que latía en el interior del capullo, y hasta aquí parece una historia normal. Lo que hace a la historia maravillosa y apasionante es que la flor se quedó prendada por la suavidad con que la gota la recorrió y, sin pensarlo, dejó que su savia hablara por ella y le juró amor eterno, y se enamoró profunda y perdidamente de ella, le gritó al cielo que la amaba y escupió polen mientras convulsionaba entre la agonía y el éxtasis dibujando formas de amor en el firmamento. Como suele pasar en este tipo de historias, el tiempo pasa y las desgracias acaecen. Es bien sabido que las leyes nunca se han entendido con los amantes, o viceversa, y no hay ninguna ley tan inexorable ni inevitable en este planeta (que es donde transcurre la historia) como la ley de la gravedad. De modo que la gota, que fracasó en el intento de adherirse a la flor durante toda la eternidad, fue a estrellarse contra el suelo, donde estalló en mil esquirlas de diamante que refulgieron durante un segundo que a la flor se le hizo eterno. Mil esquirlas que parecían dibujar un corazón instantes antes de desaparecer.

Tras la muerte de la gota, la flor quedó desolada. Ni abrir sus pétalos a su amigo el Sol quería, tan grande era la tristeza que la embargaba. Ni entrelazar sus raíces en su madre la Tierra, tan honda era la pena que se apoderó de ella. Pasaron los días, y fue perdiendo belleza y vida a partes iguales. La flor se marchitaba.

Dicen que el tiempo y el dolor nos vuelven sabios, y lo mismo les pasa a las flores, incluso cuando tienen el corazón roto. Poco a poco entendió que dejarse morir no la haría recuperar a la gota que, en tan solo un instante, le había robado el sentir. También pensó “Si ella estuviera aquí no querría verme de esta forma” y volvió a lucir y a abrirse, si no con la misma energía de antes, al menos con la misma buena intención. Al abrir de nuevo sus pétalos y sus raíces, sintió un contacto familiar y conocido que la llenaba por dentro y la colmaba poco a poco de cariño y energía “No puede ser” se repetía a sí misma al notar como la gota vivía dentro de ella, estaba en el aire, en el suelo, en la savia “No puede ser” pero así era.

La gota vivía dentro de ella. Fuera de ella. La gota era ella. Las mil esquirlas de diamante estaban y no estaban con ella. La gota no existía, pero estaba con la flor, sólo que de una forma diferente. En vez de seguir su camino por la tierra y acabar con sus hermanas formando parte de algún río, la gota, por amor, había decidido dejar de existir como tal para formar parte de su amada y de esta forma darle vida. En forma de vapor de agua, acariciando los poros de sus hojas. Diluida en la tierra, besando sus raíces. Siendo savia viscosa, reafirmándola por dentro. Así, la gota vivió con la flor, en la flor, hasta el fin de los días de ésta. Hoy día viven las dos en lo profundo de la tierra, felices y satisfechas de saber que todo cuanto vive sobre la superficie del globo obtiene su energía y se asienta sobre ellas. Sobre el sacrificio de la gota. Sobre el amor que ambas sienten. Porque el amor es la fuerza que mueve el mundo”