lunes, 17 de octubre de 2016

Tu héroe a la griega


Vine a verte con las manos llenas de sangre,
Después de pelearme con un león en las puertas de un bar en Nemea.
Olvidé la espada junto al cadáver de la hidra de la desidia,
(cuando pensaba que me libraba de ella, volvía como duplicada)
Y aún arrastro heridas de cuando me caí desde el Sol,
con esas alas untuosas que le alquilé a un tal Ícaro.

Deambulando, maníaco, por las entrañas de Creta,
acabé a trompadas con un hombretón ansioso que portaba una gran cornamenta,
Y me jodí el músculo de atrás del tobillo
(nunca recuerdo su nombre)
luchando en Troya por una reina que no era digna de tu sombra.

Tuve un amor breve en Ítaca,
Y después de agarrarme una melopea monumental
con un grandullón bonachón con un solo ojo
por momentos sentí que El Mar estaba enfadado conmigo.
Conocí a un poeta ciego que dijo que un día cantaría mis desventuras.

Me enfrenté a la mujer con la mirada más penetrante del mundo
y me costó, pero cuando conseguí que se mirara a sí misma
con la intensidad con que miraba al mundo todo fue más fácil.
Dijeron que fue ingenioso.

Conozco el amor, la suerte, la tragedia y la desventura,
Perdiendo más que ganando, pero tratando de seguir fuerte,
Tratando de seguir adelante. Y todo eso lo hago por ti.
Yo me dejaría la vida separando Ceuta de Gibraltar
si con ello fuera a conseguir tu aprobación,
Pero por lo visto se me adelantó un tal Hércules
hace como 4000 años.


lunes, 12 de septiembre de 2016

Haciendo amigos

Acto I

Tenía los cabellos como serpientes de caoba, y cuando la vi de espaldas miré al suelo, dando por hecho que si se giraba sobre esas piernas de remolino me convertiría en piedra en plena madrugada madrileña, y yo iba de duro, pero por dentro era de mimbre. No lo contéis, que es un secreto.

Me giré y pedí una cerveza (cuando pienso que pedí “una” y no “otra” como que siento cierta paz interior) y andaba en mis cábalas habituales cuando aquel mamut ruidoso me apartó de cualquier forma:

“Juanaaaaaan, qué pasa, sigues echando la noche en tu garito de puta madre, qué maricón”

El que saludaba al tal Juanan era un individuo grande y gordo, que se había abierto paso a codazos con sus amigotes y que reía y gritaba como un vikingo maníaco. Vestía con un polo rosa que debió regalarle algún enemigo íntimo, uno de esos vaqueros muy ceñidos y artificialmente gastados que se llevan ahora y unas zapatillas Diesel que… bueno. El Vaquilla se las dejó de poner porque le parecían chungas.

En fin. Lo estuve observando un buen rato y la cosa es que el tipo se comportaba como si Dios santificado, muerto y resucitado le hubiera fiado heroína. Parecía un imbécil seguro de si mismo y punto, y la verdad es que no tenía ningún motivo para hacer lo que hice, pero si no lo hubiera hecho tampoco habría historia:

“Eh. Eh, gordito, baja un poco la voz”

Su cara en ese preciso instante. Su cara era… un poema. En sánscrito. Le sostuve la mirada, inexpresivo. Hizo amago de reírse, se quedó serio y cuando comenzó a sentir como las miradas de su grupo recaían sobre su persona, pasó a la ofensiva. Se me encaró en un par de pasos, su frente rozando la mía:

“¿Me estás vacilando, payaso?”

Fui andando hacia atrás, despacio, y levanté las manos. Miré al suelo, esquivo. Sonreí evasivamente. El tipo avanzó un par de pasos, la frente por delante, respirando fuerte. El movimiento fue circular, rápido, limpio, y las carótidas me latían tan fuerte que ni siquiera escuché cómo la botella de cerveza, que aún sostenía llena, estallaba contra el hueso temporal derecho de mi nuevo amigo.

En los dos segundos de absoluto silencio que siguieron a continuación, la escena se desdobló en dos planos. Por un lado, ciento quince kilos de carne pasaban a formar parte, a nivel intelectual, del mobiliario del bar. Por otro lado, acerté a pensar que por el tipo de golpe, si le rompía el temporal lo más seguro es que la fractura fuera longitudinal. Sería más raro que tuviera una lesión irreversible del nervio facial. Bien por él. Aplausos.

Después del desconcierto inicial, recibí la que a día de hoy sea seguramente la mayor paliza  que me han dado en mi vida. Y espero de corazón que nunca vuelvan a pegarme tanto. Joder. No voy a enredar con detalles porque recuerdo impactos, luces blancas y poco más, y porque este es mi puto blog y no me apetece ponerme a pontificar sobre el momento en que mi cara decidió, unilateralmente, se la viva imagen del cubismo.

Fundido a negro. Acaba el acto I.

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Acto II


Nuestro protagonista estaba, cuarenta minutos más tarde, sentado en un portal, con un alma caritativa vertiendo agua en su nuca, que salpicaba teñida de rojo el pavimento. Comprobó, con alivio, que su dentadura estaba íntegra. Evaluó los daños: Una raja en la ceja, la nariz como un pimiento, el ojo izquierdo morado. Un corte occipital izquierdo. La sensación de tener una pelea de perros detrás de las órbitas. El cuerpo molido. Y en esas andaba el pobre cuando un par de sandalias blancas irrumpieron en su campo de visión, dividiendo en dos, como Moisés, su laguna Estigia particular, templo de agua y de sangre.

“Estás jodido de la cabeza. Has hecho la cosa más estúpida que he visto en mi vida.”

Silencio sepulcral.

“Con un chico como tú me lo podría pasar pero que muy bien”


Las sandalias eran el inicio de unas piernas de remolino que curaban heridas y penas. Mil serpientes de caoba enmarcaban unos ojos que, para sorpresa de nuestro malparado protagonista, no lo convirtieron en piedra al instante. Se sonrieron y qué bien. Las heridas le dolían menos y se doblaba un poco su corazón de mimbre.

lunes, 22 de agosto de 2016

Zooilógico

Zooilógico

Le digo que tiene ojos de gata y andares de tigresa.
Ella se refiere a mi como “mi gorila” 
yo tengo barba de lobo
y verla envuelta entre las sábanas es como ver nacer a un polluelo.
Emocionalmente siempre fui muy avestruz, o muy tortuga.
Ella es un pez volador.
Su lengua es una lagartija traviesa,
y cuando en La Ciudad sólo estamos despiertos Ella y yo
le doy un abrazo de elefante y le pido que no se vaya.
Aunque se va, porque también es un poco golondrina
y tiene patas de cigüeña.
Sus manitas de mona entrelazadas entre mis pelos de oso,
mi cuello de toro bajo sus pestañas de ratón,
la historia de un bicho y un macaco.
Me acerco con mi elegancia de pingüino y se aleja con su caminar de flamenco.

Y así seguimos, entre cafés y sábanas arrugadas.

Poblando de metáforas de amor el zooilógico que estamos construyendo.

domingo, 31 de julio de 2016

narcos y lluvia

El jueves llovió, y los camellos y las putas
atestaban el único bar que había abierto a esas horas.
La barra brilla y difumina mi rostro,
Mi abuela dijo que el camino que va al cielo es angosto,
la camarera conmigo vive en Agosto,
bebo para estar a gusto
y ni el serrín tapa el vómito ni el alcohol cambia mi gesto.

Cada noche es una gesta,
rompo a sudar y destilo amargura,
busco subir a la palestra
con el cabrón con la mirada más dura

No quiero amigos elocuentes,
ni chicas encantadoras,
solo a alguien consecuente
que me abrume con metáforas.
Busco un beso en el que Alguien
ponga su alma, su cuerpo y sus deudas,
busco que me partan los dientes
con un odio que queme las entrañas, 
busco discutir una Causa 
que haga que la vida y la muerte
sean conceptos carentes de toda importancia.

Me quedo sin dinero.

Vuelvo a casa haciendo eses,
con otro zombie gris a mi lado,
que en algún momento sigue su camino.
Y cada vez que repito el ciclo, 
el mundo pierde algo de color,
y estoy más lejos, y más incompleto.

Y miro con nostalgia los días en que lloraba por ti,

y casi doy las gracias por haber podido sentir algo.

domingo, 17 de julio de 2016

Sangre en los labios

Me han sangrado los labios;
Por mordiscos, jugando, camino de un clímax
Que, cuando pasa, nos recuerda 
Que somos dolorosamente humanos.
Las amé con fuego, les di lo que tenía, 
A veces feliz, a veces no. Aprendiendo.

Me han sangrado los labios;
Me los han roto en la puerta de un bar.
He intercambiado codazos y patadas
Con más hijos de puta de los que puedo recordar.
Si me pegué, me pegué con todo.
A veces gané, a veces no. Aprendiendo.

Y es que si me enamoro de una mujer
Que me roba el aire de los pulmones
O me parto la cara con un cabrón
Que me saca quince centímetros
En realidad estamos un poco en las mismas.
Vamos a darnos todo, cerca, sin dejarnos respirar.
Hasta que nos muramos o hasta que no podamos seguir haciéndolo.
Y parte del encanto del frenesí reside en lo impredecible del dolor,
En no saber si vas a resultar bien parado,
En las cicatrices, cuando hay cicatrices.

Yo he escupido mucha sangre por los dos motivos.
Y aquí sigo, renqueando, 
Acusando ciertos estragos,
Pero dispuesto a seguir escupiendo sangre, 
A entregarme a amores quijotescos si el corazón me lo pide, 

A embestir ciegamente contra molinos cuando me parezcan gigantes.

domingo, 10 de julio de 2016

Mujer Errante

Hay más verdad en su boca
que en mis libros de medicina.

Hay más dignidad en su cuello
que en mi jornada de trabajo.

Hay más calor en su risa
que en el núcleo de una estrella.

Hay más futuro en sus ojos
que en las hélices de mi genoma.

Y sin embargo cierro la boca,
yergo el cuello,
apago la risa.
Los ojos al frente.

Y me alejo de la mujer errante,
en el limbo de los amores imposibles,
y mis adentros se dibujan
como un horizonte.

Siempre más allá,
Siempre más allá.

domingo, 19 de junio de 2016

La diosa defenestrada

La diosa defenestrada

El ser humano siempre tuvo la necesidad de ir más allá.
De dar sentido, de encontrar la trascendencia.
Hicimos del sol un Dios, y del mar, y del viento.
Hicimos un Dios de lo que percibíamos como un eje de nuestra existencia.
En las estepas heladas de Kirguistán 
Las tribus nómadas adoraban a las rocas,
Por ser lo único que mantenía color y forma en un paisaje blanco y homogéneo.
Por ser un eje, por conservar su fuerza.

¿No era entonces lógico
Que yo sacralizara tus pasos
Por venir a dar color a mis días oscuros y herméticos?
Si soplabas mis velas en mil lunes de calma chicha, 
Si eras la belleza axial de mi rutina esteparia,
Cuando te convertí en una Diosa con la capacidad de fallar
Seguí, en última instancia, los designios de mi naturaleza.

Si se hubiera arrancado a los egipcios de las orillas del Nilo,
Si el Amazonas les hubiera sido dado a conocer a los aborígenes kirguisos,
¿No hubieran dudado? ¿No hubieran relativizado?
¿No se hubieran enfrentado con maravillosa incertidumbre
A un mundo lleno de variables ignotas y cambiantes?
Y sus Dioses, sus ejes, se acabarían tornando irrelevantes.

De la misma forma, acabé apreciando los matices de la existencia,
Y entendiendo, al vivir en diferentes entornos, 
Que un hombre atormentado no puede emplear el amor
Como bálsamo para redimirse de su circunstancia
Y que el eje de una existencia es algo complejo y desconocido
Que no ha de ser depositado a la ligera.

Y ahora, tras haber defenestrado a mi Diosa,
Me hallo en calma, asumo mi culpa de enamorado y de ignorante
Y queriendo encontrar respuestas, por fin

Estoy preparado para comenzar a hacer preguntas.